martes 17 de febrero de 2009

Una mitología urbana y underground. J. C. GEA

Lne.es LA NUEVA QUINTANA. Martes 17 de febrero de 2009.
Una mitología urbana y underground
El artista Álvarez Cabrero y doce escritores actualizan los mitos asturianos en una iniciativa editorial que funde plástica y literatura.
J. C. GEA
La memoria juega pasadas curiosas. Incluso la colectiva. A Fermín Santos le sucedió hace unos meses en una librería de Madrid, cuando se topó en uno de sus estantes con una primorosa edición sobre mitología asturiana que desconocía hasta ese momento. Eran representaciones de trece seres fabulosos sacados del fondo oscuro que ha poblado el imaginario popular asturiano desde el alba de los tiempos, pero ataviados con trajes de época. Al hojear el libro, algo se le removió dentro al artista, grabador y editor asturiano, que no pudo evitar preguntarse qué había hecho la modernización de su territorio con xanas, busgosos, güestias y cuélebres, ni plantearse dónde estarían ahora o cuál sería hoy su aspecto. No se iba a quedar con las ganas. Pero no iba a ser él quien se respondiese. Echando mano de sus prerrogativas como director de la editorial Pata Negra -una ya veterana y arriesgada iniciativa que funde arte y literatura en cuidadas ediciones de grabado- se puso en contacto con el artista ovetense José Carlos Álvarez Cabrero y le hizo un encargo. Uno de ésos que siempre cogen a contrapié.

«Quiero que hagamos una carpeta sobre mitología asturiana. Pero no quiero la imagen típica, sino con tu visión propia. Algo moderno y callejero», le dijo Santos a Álvarez Cabrero, según recuerda el pintor, grabador e ilustrador, cuyo imaginario urbano, satírico y «underground» es el más alejado del mundo rural, pancéltico y silvestre que pueda imaginarse. Pero, por lo visto, según Fermín Santos, no tanto como para no salvar esa distancia. Al fin y al cabo, la literatura y la historia del arte demuestran que los mitos son arquetipos y estructuras con una singular capacidad para cambiar de apariencia y envoltorio adaptándose a los tiempos y manteniendo, sin embargo, intacta su ambigua sustancia. La muerte, la lujuria, la enfermedad o lo animal que sigue encerrado en el hombre siguen siendo los mismos de siempre en las ciudades del XXI. ¿Por qué los patrones que representan todo eso no iban a serlo?

Fuera o no con estas razones, Santos persuadió a Álvarez Cabrero y el artista aceptó el reto. «La verdad es que son temas que nunca me han interesado, pero me lo tomé como un encargo distinto a todo lo que he hecho hasta ahora. Fermín me pasó unos textos sobre el tema, pero no encontré descripciones físicas, sólo referencias muy vagas y muy relativas», cuenta Álvarez Cabrero, que se acogió justamente a esa libertad para trasladar al aguafuerte, aguatinta y aerógrafo a doce de los personajes más emblemáticos del panteón asturiano a un presente cutre, desquiciado y tan desolador y socarronamente urbano como toda la obra del ovetense.

Así, el Nuberu aparece como una opresiva alegoría de «esos días» -dice el autor- en los que el cielo está pesado y te ahoga». O la Güestia deja de ser un desfile de almas en pena para encarnarse -es un decir- en esas otras almas en pena que hasta los ojos de caballo y adosadas a un tetrabrik de Don Simón recorren los parques de la ciudad. Para Álvarez Cabrero, el Malín, personificación mitológica de la enfermedad, brota de la boca de «un tío colgado de drogas y alcohol» que padece su colocón, y el Cuélebre ya no custodia a la Xana, sino que babea por ella, representada como una sexual tipa de armas tomar. El Hombre Marín se asoma tras un pedreru como un mirón de playa, el Patarico siembra el pánico en el muro de San Lorenzo de Gijón y la Guaxa es una vieja que, ostentando su único diente, contempla a la vez que explica un accidente de tráfico. Respecto al Hombre Lobo o al Busgosu, se parecen bastante al faltón boceras que gallea ante las mozas en la discoteca o canta sus hazañas venéreas en la barra del chigre.

Como en la mayor parte de aventuras de Pata Negra, el artista no ha estado solo. Fermín Santos ha sumado a esta reforma contemporánea de la mitología asturiana a doce escritores y escritoras de la tierra: Pablo Álvarez, Inés Toledo, Ana Vega, David S. G., Javier F. Granda, José Luis Piquero, Néstor Villazón, Elisa Torreira, Alejandra Sirvent, Fátima Fernández Méndez, Herme G. Donis y Pelayo Fueyo, que han puesto su parte para esta nueva fijación del imaginario de los asturianos mitológicos. En todos los casos -salvo en el de Granda, que ya había adaptado su visión del aquelarre a una fiesta de Comadres con sesión de boys-, los autores han trabajado sobre las imágenes de Álvarez Cabrero.

El resultado de la refundación urbana de este catálogo de seres fabulosos se ha plasmado en una cuidada edición que está a la venta desde la pasada semana: un estuche-libro de artista, 75 ejemplares numerados y firmados de las doce estampas originales y los textos. O bien, la caja donde se han colado de nuevo unos vecinos escurridizos y caros de ver, pero que se resisten a dejar del todo su tierra.